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Iglesia Santísima
Trinidad |
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Plaza Santa Ana
"Restaurante" |
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Playa Ancón |
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Ubicada en la central provincia de Sancti Spiritus,
de antaño conocida como Villa de la Santísima Trinidad tuvo su origen
hacia el 1514, para colocarse entre las siete primeras villas fundadas
por los españoles en el archipiélago cubano. También llamada la Ciudad
Museo de Cuba, tiene el privilegio de ser una de las localidades
coloniales del país y califica además entre los conjuntos
arquitectónicos más completos y conservados del continente americano.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998 y ruta
obligada hacia la conquista de nuevos territorios, se asentó junto a las
márgenes del río Guaurabo, donde los españoles encontraron una población
aborígen utilizada como mano de obra, tierras fértiles y excelentes
puertos para la preparación de expediciones. Verdadero tesoro de las más
diversas riquezas, la villa extendió sus límites en el siglo XVI,
apoyada en la incipiente industria azucarera, para crecer como un núcleo
urbano entre rejas de singulares formas, llamativas edificaciones y
calles empedradas. Cuenta la historia que el sitio escogido por el
Adelantado Diego Velázquez para la fundación esta donde se localiza
actualmente el Parque Martí, con la primera misa a la sombra de un jigüe
y a cargo del padre Fray Bartolomé de las Casas. Casonas coloniales,
amplias, cómodas y ventiladas, palacios donde el lujo y el derroche
hicieron de las suyas para integrarse al arte colonial cubano,
convierten a Trinidad en una indiscutible joya urbanística y
arquitectónica de antaño. El signo decorativo característico de las
viviendas de la ciudad tiene su base en la ornamentación neoclásica,
reflejada en murales, molduras, marcos de madera y en las caprichosas
formas que los forjadores del hierro lograron imprimirle, para que se
convirtiera en uno de los mayores encantos de la ciudad. En la Plaza
Mayor, eje central de la antigua villa, se localiza una estatua de
Terpsícore -musa de la danza y la música-, acompañada de la singular
belleza de la iglesia de la Santísima Trinidad, fiel guardián de
valiosas piezas del tesoro religioso de la isla. Entre ellas se incluyen
el Cristo de la Vera Cruz, unido a un altar de mármol dedicado al culto
de la Virgen de la Misericordia, único de su género en el país. Las
plazas de Santa Ana y de las Tres Cruces, el Campanario de San Francisco
y numerosos palacetes aportan un toque de belleza única a la ciudad, la
cual dedica cada año enormes esfuerzos a la conservación de las
edificaciones centenarias que en ella se localizan. Entre los inmuebles
de mayor relevancia esta el Palacio del Conde Brunet, actual sede del
Museo Romántico, y cuyo primer propietario estuvo también vinculado con
la construcción de un teatro que llevó su nombre y la puesta en marcha
de un ferrocarril entre la urbe y el puerto de Casilda. En las 14 salas
del museo se exponen piezas de artes decorativas, entre ellas porcelanas
y cristalería, ricas en pinturas policromadas y líneas doradas, muchas
de ellas encargadas directamente a fábricas europeas de la época. Entre
los inmuebles de mayor importancia también esta el palacio de Cantero,
con tres pisos y un mirador, mientras el de Borrell atribuye su fama
vinculada a los cuadros pintados en sus paredes. A una docena de
kilómetros de la villa se extienden las suaves arenas de Playa Ancón,
dueña de cálidas y tranquilas aguas tributadas por el Mar Caribe, en un
ambiente que constituye una invitación a la práctica de deportes
náuticos, con unos 30 puntos para el inmersionismo.
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Parque Central |
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